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domingo, 1 de marzo de 2015

La bendita maldición de Gutenberg

El invento de la imprenta por Gutenberg desató en su tiempo una ola de críticas. A la teoría de que era peligroso poner al alcance de “la plebe” la cultura a través de tanto libro, se sumaron voces que decían que la juventud se perdería en el ocio y la distracción de leer dejando de esa manera de trabajar y hacer cosas provechosas (igualito a lo que hoy se dice de la juventud y las computadoras, los smartphones y las redes sociales). Incluso, en pleno siglo XIX, el dos veces primer ministro británico Benjamin Disraeli llegó a decir que la mayor desgracia que le había caído al hombre era la imprenta porque había destruido la educación.
La información democratiza el poder porque nos da la posibilidad de elegir entre más opciones. A quienes no les gusta democratizar ese poder, la difusión de información les es peligrosa porque con ella se da a conocer tanto lo que nos gusta como lo que no nos gusta.
Algunos querían decidir lo que debían leer los demás. Entonces a Gutenberg se le respondió con la censura. 
El caso más notable es el Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum o Índice de los Libros Prohibidos (más conocido como el Índex), una relación de publicaciones prohibidas y perseguidas por la Iglesia Católica. Este incluía a autores como La Fontaine, Descartes, Montesquieu, Copérnico, Zola, Balzac, Victor Hugo (“Los miserables” recién se retiró del Índex en 1959), Pascal, Hume, Kant, Darwin o Sartre. Incluso hasta “Los tres mosqueteros” de Dumas estuvo incluido, pues se consideraba anticlerical el trato que daban al archienemigo de D’Artagnan y sus amigos, el cardenal Richeliu. Otro ejemplo interesante es la del sexólogo holandés Theodoor Hendrik van de Velde, autor del manual de sexo “El matrimonio perfecto”, en el que se animaba a los matrimonios a disfrutar del sexo.
Pero la cesura no se limita a la Iglesia. “1984” de Orwell, el “Ulises” de Joyce, “El gran Gatsby” de Fitzgerald, entre otros, fueron censurados en Estados Unidos por contener material sexual explícito. “Harry Potter” ha sido también censurado en ese país para su uso en educación por considerar que va en contra de las enseñanzas cristianas. Algo similar ocurrió con “El mago de Oz”, pues se pensaba que fomentaba la brujería. “Sherlock Holmes” fue censurado en la Unión Soviética por las creencias esotéricas de su autor (Arthur Conan Doyle). Y “Alicia en el país de las maravillas” fue censurado en China por darle a los animales la capacidad de interactuar como los humanos. 
Somos libres de expresar que lo que dicen esos libros nos gusta o no. Somos libres de criticar sus ideas o sus personajes o los valores que difunden. Somos libres de no leerlos. Pero no somos libres de impedir que otros usen su libertad para leerlos.
Somos libres de marchar contra la llamada televisión basura. Programas como “Combate” o “Esto es guerra” me parecen estúpidos y sin gracia. Si los dueños de los canales me pidieran mi opinión, les recomendaría que los saquen. Pero esa es mi opinión y puede diferir de la de otros. El problema es pretender que la ley o las interpretaciones de esas leyes limiten la libertad de esos otros. Las opiniones se combaten con opiniones, no con leyes.

¿Y los niños? Pues la facultad de decidir qué ven o qué no ven los niños es de los padres, no del Estado. Es legítimo que un padre censure lo que su hijo debe ver. Lo que no es legítimo es que esa censura sea decidida por otros.
Wendell Phillips decía que la pólvora hizo para la guerra lo que la imprenta ha hecho por la mente. Las malas ideas son tan necesarias como las buenas para ejercitar nuestra inteligencia, entrenar nuestra tolerancia y ejercer nuestra libertad. Así podemos aprender a distinguir lo bueno de lo malo, porque la censura no es sino engañar a nuestra mente privándola de la posibilidad de juzgar. Parafraseando a Bentham, es imposible medir el mal que causa la censura porque es imposible decir dónde termina.

Domingos con olor a cuaderno nuevo

Los domingos huelen a colegio. Sobre todo el último domingo de verano (que antes era pegado a abril y hoy pegado a fregarte tu verano). En mi época escolar el asunto era peor: no había acabado el sol y había que enfundarse en el picoso pantalón de poliéster y la almidonada camisa blanca o la gris esa que ya dejé de utilizar. Un proceso de allanamiento a la individualización, a ser iguales ante la ley de la palmeta educativa.
La educación es un derecho universal de reciente factura. En la colonia era solo para unos cuantos privilegiados: peninsulares, la nobleza criolla e indígena y para algunos mestizos pudientes. Más aun, los requerimientos eran mayores: se exigía la limpieza de sangre, la legitimidad del nacimiento, buena crianza y buenas costumbres. Y esto hasta bien entrada la república, también. Los principales educadores en la Lima colonial fueron los religiosos y entre ellos los jesuitas.
El Colegio del Príncipe para caciques nobles se ubicó donde hoy está el colegio Alipio Ponce en Barrios Altos; el Colegio Real de San Felipe y San Marcos, frente a Bellas Artes en el jirón Ancash, el Colegio Real de San Martín, en la manzana donde hoy está esa inmensa mole del Ministerio Público en la avenida Abancay (en los primeros años de la república se estableció en un área de ese desaparecido colegio la Escuela Normal, primer instituto para formar educadores). Eso sin contar los otros colegios en donde se formaban a los novicios y se continuaban los estudios mayores para los propios religiosos.
Al desaparecer los jesuitas por su expulsión se produce un vacío que se resuelve fusionando algunos colegios para formar la institución que causaría más influjo en nuestra vida republicana: el Real Convictorio de San Carlos (en la república ya sin el Real). Este se ubicó en la desaparecida casa novicial jesuita, hoy la casona de San Marcos. En 1840, al frente del colegio de los carolinos, se fundó el colegio Guadalupe (detrás de ese gran edificio que fue del Ministerio de Educación), el primer colegio fundado en la república y con espíritu laicista y liberal a despecho del conservador San Carlos.
Un dato curioso que salta a la vista es que todos estos colegios se ubicaron al este de la Plaza Mayor. No he encontrado ningún caso de algún colegio que se haya instalado hacia el oeste (como sí sucedió con los hospitales) hasta la mudanza del Guadalupe en Alfonso Ugarte. Esto es importante porque marca una espacialidad y dinámica a una red de tránsito y de servicios colegiales que se ubicó hacia ese lado de la ciudad dándole una característica especial.
Este dato quizás pueda servir a investigadores de la historia urbana de la ciudad para establecer correlaciones, por ejemplo, con mercados, fondas, casas de placer, etc. Tan solo la historia del convictorio como germen de la república bajo la égida del sacerdote chachapoyano Toribio Rodríguez de Mendoza me daría tema para un artículo entero, pero es domingo y ya comienza a oler a colegio.

jueves, 30 de octubre de 2014

La conexión italiana

“Italia è ferma”. Estancada, inmóvil. Desde finales del 2011 su economía no crece y, por el contrario, se contrae todos los trimestres. Sigue rezagada en relación con otros países de la Unión Europea que, como España, ya empiezan a soñar con el fin de la recesión. Las últimas cifras de desempleo juvenil indican que el 44% de los jóvenes italianos no tiene trabajo. 
Pese a ello, Italia se las ingenia para seguir siendo una potencia mundial (la octava economía más grande del planeta), gracias, en parte, a la formidable capacidad e inventiva de sus pequeños y medianos industriales del norte, pero señaladamente gracias al sector servicios, que representa dos tercios de su economía. Un claro ejemplo es el turismo: Italia tiene 60 millones de habitantes, pero recibe 48 millones de visitantes al año, es decir, casi un segundo país entero que llega todos los años a consumir en hoteles, restaurantes, transportes, museos. 
¿Por qué está atracada Italia? Probablemente lo está desde que terminó el ‘boom’ de la posguerra, pero esa parálisis se mantuvo enmascarada detrás de unos niveles de gasto fiscal colosales: subsidios y prestaciones sociales que configuraron una versión propia del Estado de bienestar que hoy se reconoce insostenible, pero que es sumamente difícil desmontar.
Desde la crisis mundial de la deuda pública del 2008, conforme se fue desarmando el paradigma de las arcas estatales inagotables, han emergido más claramente dos de las más importantes trabas que amenazan con mantener a los italianos bajo el agua: la legislación laboral y la ‘tramitología’.
Lo dice, claramente, don Bernardo Caprotti, el legendario fundador de los supermercados Esselunga, importante cadena que factura 10 mil millones de dólares al año: el sistema laboral italiano está anclado en esquemas de hace más de 100 años, en los que los empleados que logran un contrato de trabajo de plazo indeterminado se hacen de un derecho indisputable a tener ese mismo empleo toda la vida e incluso, por presiones sindicales, a seguir haciendo lo mismo, aunque cambien los mercados y las tecnologías.
Capriotti cita el caso de 450 mineros de carbón de Cerdeña, a quienes el ex primer ministro Enrico Letta les aseguró que mantendrían su puesto hasta que muriesen, pese a que el carbón extraído no se utiliza más para producir energía. El Estado Italiano les pagará vitaliciamente para que sigan haciendo un trabajo que ya nadie necesita. El costo lo asumen todos los italianos en su recibo de electricidad.
En el rubro de los permisos, Capriotti resalta los plazos inimaginables que su empresa requiere para construir nuevas sedes. En Génova no es posible edificar nada; en Florencia está ad portas de inaugurar un local sobre un terreno comprado hace 44 años; y cerca de Milán sigue esperando permisos para construir un supermercado en lo que fue una planta de Pirelli, que compró hace 27 años. En promedio –dice– le toma diez años de trámites levantar una sede.
Hay dudas acerca de si Matteo Renzi, el energético primer ministro italiano de 39 años, podrá imponer sus ideas modernas y revolucionarias para empezar a cambiar estas cosas. Ojalá tenga éxito frente a un sistema político anquilosado. Si lo logra, haríamos bien en pedirle la receta para nosotros, como nos dieron en su momento las claves para preparar los tallarines y la pizza. Y mire usted qué bien nos fue con eso. 

miércoles, 29 de octubre de 2014

El crimen organizado a la captura del poder


Las últimas elecciones regionales y municipales han evidenciado nuevamente el grave deterioro de nuestro sistema político. La presencia de la corrupción y el crimen organizado es cada vez más notoria. Los organismos electorales y la asociación Transparencia han recomendado urgentes reformas para corregirlo, pero la labor es de largo aliento: Jaime de Althaus sostiene que la gran tarea de los próximos años será la batalla por la institucionalidad, Martín Tanaka afirma que el tema central del 2016 será el desarrollo institucional y político, Carlos Meléndez subraya que lo que el Perú necesita ahora ya no es una reforma política sino un shock institucional. 
El símil con el shock de 1990 que liquidó la hiperinflación y los paquetes de medidas que ordenaron la economía en los años subsiguientes es atractivo. La diferencia es que la receta para estabilizar y recuperar la economía era conocida. Se requería convicción y un equipo técnico competente para aplicarla. En el campo político, en cambio, no hay recetas universales. 
La verdad, como decía Voltaire, es que lo perfecto es enemigo de lo bueno. Lo ideal es un shock de reformas políticas que se aplique al inicio del próximo gobierno, durante su luna de miel con la opinión pública. Sin embargo, existen varias medidas claves para recuperar el sistema político que ya deberían ser aprobadas. El gobierno y los actuales parlamentarios no pueden abdicar de su responsabilidad.
El Congreso ha acertado al aprobar en primera votación la reforma constitucional para prohibir la reelección inmediata de presidentes regionales y alcaldes, tal como ocurre con la Presidencia de la República. Para algunos es un exceso y no garantiza nada, pero no cabe duda de que es un desincentivo a la corrupción que una autoridad sepa que podrá ser investigada por su sucesor y que le faltará tiempo para construir una red mafiosa como lo hicieron los reelectos César Álvarez en Áncash o Roberto Torres en Chiclayo. En ese campo, también es urgente corregir la ley de revocatoria para evitar su insensata proliferación, frecuentemente impulsada por la corrupción. Quedan pocas semanas para promulgar una ley que permita que el Perú deje de tener el dudoso mérito de ser el país con más procesos de revocatoria en el mundo.
Para combatir la corrupción, también es apremiante prohibir que postulen candidatos que hayan sido sentenciados por terrorismo, narcotráfico, corrupción y otros delitos graves. Que un ex delincuente haya cumplido su pena no quiere decir que esté arrepentido o completamente rehabilitado. Del mismo modo que un ex convicto no puede ser juez, tampoco debería ser presidente regional, alcalde o congresista. Es indispensable que esta ley se apruebe antes de que se convoquen las elecciones presidenciales y parlamentarias dentro de un año.
Pero la mejor barrera para evitar que oportunistas y mafiosos ingresen a la política es el fortalecimiento del sistema de partidos y los organismos electorales. La opinión pública tiene claro el camino: según Ipsos, el 90% está de acuerdo con que las elecciones internas sean organizadas obligatoriamente por la ONPE, el 88% con que el JNE pueda fiscalizar los ingresos de partidos y movimientos y sancionarlos si detecta irregularidades; y el 82% con que se eleven los requisitos para la inscripción de partidos y movimientos de manera que haya menos listas que postulen a una elección. 
Cuando las elecciones en los partidos sean organizadas por la ONPE y sus gestiones supervisadas apropiadamente por el JNE, será más fácil que la ciudadanía apoye la entrega de recursos públicos a los partidos y la eliminación del sistema de voto preferencial, tantas veces aprovechado por truhanes de diversa calaña para llegar al Congreso. Lamentablemente, es muy difícil que el actual Parlamento apruebe una reforma de esta naturaleza porque muchos de sus integrantes le deben su elección a este pernicioso mecanismo. 
Lo que nos regresa a la idea del shock institucional. Sin embargo, para que este sea viable, se requieren tres condiciones. Primera, que sea el fruto de un compromiso sincero entre los máximos líderes políticos del país. Segunda, que este sea impulsado por un consenso previo en la sociedad civil, que incluya a la comunidad empresarial. Y tercera, que todos entiendan que la reforma electoral no es una panacea, por lo cual no se debería aspirar a solucionar con ella todos los problemas políticos del país. Los objetivos deben ser más sencillos: elevar la calidad de las autoridades elegidas e impedir que avancen el crimen organizado y la corrupción. 

Busco espía online

Las interacciones entre personas se hace cada vez más difícil tanto cara a cara, sentados en un café, bailando en una fiesta o conversando en una banca de un parque. Las relaciones entre adultos –e incluso entre pequeños– se encuentran mediatizadas por teléfonos inteligentes, tabletas o computadoras de todos los tamaños.
No es raro ver en un restaurante a una familia sentada alrededor de una mesa, cada uno concentrado en su propio dispositivo. Incluso, el juego, las adivinanzas o las canciones que se daban cuando una familia viajaba en auto han tendido a sustituirse por videojuegos o aparatos de video para que los niños vean una película mientras los padres conversan, esperando que los niños no se aburran o no molesten.
La dificultad para la interacción parece darse en diferentes áreas de la vida social. Por ejemplo, una de ellas es la de la búsqueda de pareja, sexo casual o amistad a través de páginas de Internet con versiones gratuitas o pagas (por supuesto, con mayores beneficios).
Aspectos más anodinos también transcurren en la nube. Las compras de ropa, calzado, perfumes, regalos o libros –entre múltiples artículos– pueden darse sin problema en diversas tiendas virtuales. En algunas de ellas, incluso, se puede devolver el artículo si no gusta o no queda, recibiendo otro, sin costo adicional. Entre otras cosas que se pueden comprar en algunos países están las armas de fuego y sus respectivas balas, que llegan al domicilio entregadas por un simpático cartero como en la película “Bowling for Columbine”, de Michael Moore, en que describe cómo unos jóvenes adquieren armamento para desatar una masacre en una escuela.
También se usa Internet para buscar trabajo, pues portales como Linkedin permiten colgar el currículo laboral de las personas y así estar expuestos a escala mundial o local para cuando una empresa busque algún trabajador particular o para que los colegas más cercanos sepan acerca de nuestros cambios de trabajos, ascensos, etc.
Facebook u otras redes han sustituido esos espacios maravillosos que eran las esquinas, puertas de bodegas o cualquier muro callejero del barrio donde los jóvenes se reunían a conversar, enamorarse y crecer juntos.
Cada vez es más usual que mucha gente haga sus transacciones bancarias por Internet, ahorrando mucho tiempo en desplazarse por la congestionada ciudad para realizarlas. Pero, claro, disminuyen las posibilidades de encontrarnos con alguien interesante en una cola, en una librería e, incluso, en el contexto de un pequeño choque vehicular (unos amigos míos se conocieron esperando a sus compañías de seguro vehicular y se casaron).

Podríamos extender la lista de vínculos virtuales que se han desarrollado en los últimos años, resaltar sus beneficios y sus perversiones. Sin embargo, lo que ha causado sorpresa es una noticia periodística de El Comercio que señala que el Mossad –el servicio secreto exterior israelí, considerado uno de los mejores del mundo– esté reclutando agentes a partir de una página web que propone algunas preguntas que se asemejan a las que llenamos en cualquier cuestionario de revistas: ¿Cuántos idiomas habla? ¿Cuántos pasaportes posee? Luego de una serie de preguntas de ese tipo, algunos hombres y mujeres son reclutados a escala mundial para pasar al lado secreto del espionaje. Qué extraño uso de una red vulnerable para contactar espías. Supongo que luego de engancharse ya no jugarán a ser espías: lo serán.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Elecciones: la fiestita del terror

Elecciones: la fiestita del terror, por Martha Meier M.Q.
La realidad está para ser mejorada. La apatía y el desgano no pueden ganar la batalla. ¿Es posible un mundo mejor? Sí. ¿Ese mundo mejor aparecerá espontáneamente? No. Como decía el gran Robert ‘Bobby’ Kennedy: “El futuro no es un regalo: es un logro. Cada generación ayuda a hacer su propio futuro. Este es el reto esencial del presente”.
Hay un mundo ideal al que todos deberíamos aspirar. En ese mundo, limpio y decente, los candidatos o candidatas a un cargo de elección popular ganarían los votos con ideas innovadoras para solucionar problemas y elevar la calidad.  Los postulantes a cargos públicos serían personas y profesionales exitosos, sin vicios ni tachas morales, de conducta coherente y transparente, con vocación de servicio y capacidad de pensar en grande, audaces para empezar a construir el mañana, hoy. Como lo fue, por ejemplo, Luis Miró Quesada de la Guerra.
Miró Quesada fue elegido alcalde de Lima a los 37 años y se atrevió a impulsar la modernización tecnológica del servicio de agua potable. Pensó en grande. A lo largo de 400 años el agua de Lima fue insalubre y él cambió esa historia. Entre otras, instaló a la entrada una planta de clorinación (pese a las opiniones en contra) y con eso hizo que el agua llegara ya purificada al reservorio antes de su distribución, también se aplicó alúmina contra la turbidez. Antes de Luis Miró Quesada de la Guerra, don Federico Elguera también hizo lo suyo.
Elguera modernizó la capital en infraestructura y cultura: pavimentó y asfaltó el terral que eran las calles, la dotó de iluminación eléctrica y promovió el transporte público con tranvías. Entre varias otras cosas impulsó la construcción del hoy Teatro Segura, inaugurado como teatro municipal en 1909. Estos dos alcaldes son ejemplo de hombres visionarios, audaces en sus proyectos y que pensaron en el mañana (que es nuestro hoy). ¿Era el de ellos un mundo ideal? No, pero ambos lo dejaron mejor de como lo encontraron.
Hoy, lamentablemente, los asesores no ayudan a los candidatos a comunicar sus propuestas, solo a aplanar al contrincante. La promesa queda en eso, porque la cosa es ganar por ganar, y muchas veces para robar. 
Estas elecciones son una verdadera “fiestita del terror”. Ha aparecido una nueva especie: los “expertos en guerra sucia”. Unos “especialistas” de la vulgaridad que han convertido la campaña en un circo de chismes, volantes difamatorios, atentados contra la intimidad y la armonía de las familias de los candidatos; mensajes electrónicos falsos, fotos trucadas y un sinnúmero de vilezas.
Como bien escribí ayer en El bótox se le fue al cerebro: “Ya a nadie se le ocurre llamar fiesta democrática a las campañas electorales. A menos que se refiera a esas que terminan en tragedia, entre golpes o a balazos, y con muertos y heridos desparramados en el suelo. Dirán que uno se acostumbra y se resigna a que así ocurra, pero siempre queda la esperanza de que sea mejor. Esta carrera electoral, sin embargo, ha sido peor”.
Pero si creen que lo han visto y oído todo, esperen lo que serán estos últimos 4 días de campaña: “deterror.com”. Ni lo duden. Voten por los mejores, los más decentes, los que quieren servir y no servirse de nosotros. ¡Suerte, este domingo Lima y distritos!